García Moreno S1-47 y Rocafuerte / Bulevar 24 de Mayo y García Moreno, Quito - EC
(5932) 2283 882 ext. 100

Correspondencias

Correspondencias entre educadoras

Ñanda Mañiachi Mashi-ku es una voz kichwa que intentando traducir al castellano quiere decir algo así como: «présteme su camino compañera» se usa cuando una comunera pide permiso para pasar de su terreno al terreno de una vecina con el propósito de acceder a un bien común, por ejemplo, para llegar al río a recoger agua. Esos caminos que cruzan terrenos ajenos se vuelven caminos compartidos, caminos para un bien común.

La misma expresión kichwa se usaba cuando una familia llevaba a su hijo o hija a la casa de su comadre compadre sabedores de algún oficio prestigioso para pedir que se inicie al niñx como aprendiz en el camino de esa sabiduría.  En este sentido “présteme el camino que usted ha andado” es una idea relacionada con la generosidad de lo que uno ha aprendido en la vida, es memoria puesta en común.

En el contexto de crisis global sentimos que resulta crucial nuestra capacidad de tejer redes de solidaridad, de aprendizaje mutuo, de “prestarnos el camino” entre nosotras educadoras comprometidas con el cambio social.

De esta manera, hemos comenzado un proceso de formación de educadoras en el Museo de la Ciudad que incluye caminatas en el territorio, crear condiciones para que “expertas” nos visiten (no solo las expertas autorizadas por la academia) estamos empeñados en crear nuevos itinerarios de mediación, ensayar otras perspectivas para leer lo que el museo guarda, ir tejiendo unas narraciones que celebren la diversidad y diferencia de Quito.

Un lugar importante en este proceso son los círculos de conversación que hemos llamado “Correspondencias entre educadoras”, una reunión de colegas educadoras en distintos contextos, de distintas latitudes y trayectorias para hablar de sus experiencias, sentires, aprendizajes y desafíos de la práctica educativa.

Primera edición: Relación entre memoria social y educación comunitaria.

Les damos la bienvenida a este primer capítulo dedicado a con-versar sobre las relaciones entre trabajar la memoria y la práctica educativa. Nos preguntamos sobre el rol del recuerdo y la re-creación de la memoria de las abuelas, de las comunidades, de las ciudades, en nuestras prácticas educativas. Nos preguntamos sobre ¿cómo se tejen esas narraciones no recogidas por la historiografía en nuestros espacios educativos? ¿cómo se traen a un tiempo presente? ¿cómo, desde su experiencia, sus comunidades trabajan con la memoria? ¿qué nos permiten aprender o desaprender?

Nuestras invitadas:

  • Gladys Faiffer

Colaboradora en el Proyecto Andino de Tecnologías Campesinas PRATEC

  • Pilar Guerrero

Educadora en la escuela feminista y miembro fundadora del proyecto TUKUNA

  • Juana Paillalef

Directora del Museo Mapuche Cañete.

  • Ileana Soto Andrade

Directora del  Centro Educativo Comunitario Intercultural Bilingüe “Yachay Wasi”.

¿Podrías compartir un poquito de tu trayectoria personal, profesional, política? ¿de dónde vienes? ¿qué es lo que te ha ocupado como educadora los últimos años de tu trabajo? ¿Puedes compartir algo que caracterice el lugar en donde estás trabajando? 

Aludiendo a lo personal, soy miembro de una familia muy grande. De padre negro y madre “chola”. Somos 35 hermanos y hermanas de parte de padre, y 7 más de padre y madre, donde yo soy la mayor y única mujer de mis 6 hermanos hombres, lo que suma 42 hermanos en total, que nos conocemos. Mi padre fue viudo de su primera esposa y luego tuvo muchos otros hijos, hasta que se casó con mi madre y fuimos los últimos, hasta donde sabemos. Nos llevamos muy bien entre todos los hermanos. Vengo de un hogar muy, muy humilde, con 7 a 10 bocas que alimentar. Mi madre siempre se hacía cargo, porque mi papá no se hacía responsable.

Fui catequista en mi parroquia en un barrio del cercado de Lima, luego fui agente de pastoral juvenil, y de formación de adultos en promoción popular siguiendo a Paulo Freire, apoyé y capacité en derechos a las jóvenes que trabajaban como empleadas de hogar en barrios de clase media durante un par de años. Tomé conciencia de las diferencias e injusticias del sistema. Una pregunta me golpeaba siempre en la cabeza y en el corazón: ¿cómo puede el ser humano causarle daño a otro ser, siendo que somos iguales? Había aprendido desde niña que todos los seres humanos somos iguales en derechos, que todos tenemos dolor, hambre y sabemos reír, bailar y acariciar. No entendía por qué unas señoronas que traían jovencitas de la sierra a trabajar en su casa como sirvientas, las trataban como si fueran cosas, sin sentimientos. Me dolía, me rebelaba.

Estudié contabilidad mercantil y secretariado ejecutivo bilingüe, trabajé desde muy jovencita y aporté a la crianza de mis hermanitos menores. Luego encontré trabajo en la Conferencia Episcopal de Acción Social -CEAS, donde el muy conocido monseñor Luis Bambarén Gastelumendi, llamado el obispo de los pobre, era Presidente. Allí, durante 8 años, desde 1981 hasta 1989 trabajé como secretaria en el área de derechos humanos. Entonces, conocí el dolor, el horror, la angustia de las personas del ande profundo de mi país, que estaban acorralados entre los fuegos de la subversión de los grupos Sendero Luminoso y el MRTA, y los de la represión del estado, que igual los mataban, torturaban y violaban.

Estudié los cursos de Teología de la Liberación durante los años 80, lo que me llevó a optar por los pobres de mi tierra. Fui parte de una comunidad de laicos en Villa El Salvador, un arenal en el que la vida política de sus pobladores latía con fuerza promoviendo la autogestión. Me mudé al arenal y trabajé con las madres de los comedores populares del 7mo sector de Villa El Salvador, durante 3 años promoviendo la preparación de menús, la organización de sus reuniones, talleres sobre diversos temas, entre ellos, la violencia que se reproducía día a día en todos los ámbitos: sus casas, el barrio, las organizaciones políticas, etc.

Ahora pertenezco a PRATEC, una ONG que tiene más de 30 años de acompañamiento a campesinos y población indígena en temas de afirmación cultural. Estoy casada y tengo 4 hijos ya grandes. Mi esposo y yo vivimos en Lamas, San Martín (selva peruana), donde fundamos hace años otra ONG para trabajar con indígenas kechwa-Lamas.

Desde tu experiencia de trabajo ¿cuál es el rol de la memoria en los procesos de educación popular o educación comunitaria intercultural? Nos referimos a esa memoria comunitaria, la memoria de las abuelas, la memoria que no está registrada en los grandes relatos de la historia.

Casi todas las mujeres del comedor popular con las que trabajé en el 7mo Sector de Villa El Salvador, vivían en casitas con ladrillos puestos unos sobre otros a modo de paredes, con techos de calaminas o esteras.

La memoria de esas mujeres era un recurrir, regresar, recordar a las vivencias que, sus padres, madres, abuelas y abuelos les transmitieron cuando eran aún niñas. La mayoría eran hijas de migrantes que llegaron a Lima huyendo de la violencia en el interior del país. Esa memoria, recogía las enseñanzas de valores aprendidos en el campo, en la chacra, en las cocinas de sus abuelas, en los puntos del tejido, en las recetas que recrear con los insumos mínimos para preparar alimentos para sus hijas, hijos y familiares. Habían conformado comedores populares, solo con su voluntad y decisión. Crearon su comité de mujeres, se organizaron y se lanzaron a la tarea. Tocaron puertas, alguna se abrió y les donaron alimentos para cada semana de un programa de fomento del Municipio de Lima. Recibían un saco de arroz, una lata de aceite, un saco de pescado seco salado y para de contar.

Con esos insumos, recurrieron a toda su imaginación, recuerdos y creatividad para preparar cada día un menú para 50 o 60 familias al módico precio de 1 Sol. Conseguían un poco de verduras, un poco de fideos y frejoles y con eso hacían un solo plato que se repartía entre todas las socias del comedor que, a cambio de cocinar en turnos, llevaban raciones de comida para sus familias sin pagar.

La memoria en ellas, era una luz, indicaba el camino hacia donde avanzar. Eran los valores transmitidos en su niñez no en palabras dichas, si no en acciones, en ejemplos de vida. La memoria de sus madres y abuelas que sacaban adelante a sus hijas e hijos, que trabajan duro, que se ingeniaban para emprender nuevas “chambas” o trabajos, que se preocupaban de apoyar a las demás, que sentían la solidaridad en la piel, esa era la memoria a la que apelaban.

En el caso de las mujeres de la selva, es otro asunto. Aquí se cree que el recuerdo, los pensamientos corren por las venas, como algo que es parte del cuerpo. El recuerdo de tu abuela, de lo que ella decía, sus pensamientos están en tu cuerpo desde que ella cocinaba para ti. Es un asunto de fluidos, de todos los elementos que forman la corporeidad, la sangre, la saliva, el semen, la flema, todo lo que forma el cuerpo se cría y termina formando parte de tí. Cuando hablan de la memoria, se refieren al recuerdo de un saber que te transmitieron tus abuelos o tus padres en concreto. Saber sembrar yuca, viene con la práctica de hacer el hueco, de enterrar el esqueje, de cultivarlo para que no se llene de hierba mala. Pero también viene con haber comido la yuca en familia, preparada por tu abuela o madre, de haber cogido del mismo plato todos los miembros de tu familia un pedazo de yuca cocida. Todos tocaron entre sí la yuca, mezclaron sus salivas al tocarse sus dedos, sus aires, sus espíritus en la comida que tomaron juntos. La mezcla de fluidos, en este caso la saliva, los fortalece e identifica como miembros de una familia. Su sangre, sus fluidos se mezclan y crían los cuerpos. Cuando alguien muere. Sus “recuerdos” siguen en tu cuerpo son parte de tu sangre y corren por tus venas. Sus dichos, su aire, su espíritu te acompañan. La memoria, el recuerdo de la abuela o abuelo siguen guiando tus acciones. Te acuerdas de tu abuela, la traes a la vida cuando repites la preparación de la yuca y la compartes con tu familia. Es muy bonito.

¿Cómo en tu práctica educativa o en tu experiencia se han desarrollado ejercicios para “recordar? o ¿cómo han re-creado la memoria? ¿qué ha sido importante recordar?

Recordar en mi país. Ha sido un ejercicio doloroso. Muchas comunidades de hombres y mujeres fueron afectados por los años de violencia subversiva y contrasubversiva que nos golpeó durante los años 80 y 90 de nuestra historia reciente. Viví de cerca casos muy dolorosos de personas violentadas que referían cómo los terroristas o los militares habían matado y torturado a sus familiares. Durante esos años, nadie quería recordar. Sufrimos un trauma. Toda la sociedad quedó en shock luego de aquellos sucesos. Por eso, cuando todo parecía que había pasado, hacia fines de los 90 y a principios del siglo XXI, nadie quería recordar. Ni hablar de aquella violencia sufrida por poblaciones enteras al interior del país. Solo Lima, con su centralismo parecía una burbuja en la que no se reflejaba el horror de todos los otros pueblos del país.

Se instauró en Lima la Comisión de la Verdad, que debía investigar, recoger testimonios y pruebas de la violencia y sus víctimas durante esos años. En el 2004 los resultados se volcaron en sendos informes que relataban el horror vivido y desconocido por los capitalinos. Entonces, se pidió recordar. Debíamos recordar. Toda la sociedad debía recordar los luctuosos sucesos vividos para no repetirlos. La idea era reflexionar sobre los excesos cometidos por los terroristas y el Estado sobre la población comunera e indígena. La idea era que los ciudadanos tuviéramos la oportunidad de analizar las causas, las razones que nos llevaron a esa insanía, a la espiral de la violencia. Parecía razonable, pero nadie quería recordar.

La Comisión de la Verdad inauguró las audiencias públicas para recordar la violencia de la que habían sido víctimas más de 35,000 personas y la obligación que le cabía al Estado para reparar a esas víctimas.

El país se enteró así de las atrocidades cometidas por subversivos y contrasubversivos en detrimento de poblaciones campesinas e indígenas de todo el Perú. Lloramos entonces, hasta hoy lloramos. Recordar aquellos eventos fue necesario, el luto que sobrevino fue parte de la curación que sigue en proceso, y que aún no termina de cicatrizar las heridas. Pero este proceso de curación, tuvo en el caso de la comunidad de Quispillacta en Ayacucho, un modo peculiar.

En Quispillaccta se cree que los sucesos negativos como desastres naturales o socio-políticos que afectan a las personas vienen siempre de fuera, y son causa de alguna mala acción de las personas dentro de la comunidad. Entonces, hay que reparar el daño expulsando de la comunidad al causante. Así, para expulsar la situación de violencia que se vivió en esa comunidad, se debía encontrar a los desarmonizadores (los jóvenes de la comunidad que pertenecían a Sendero Luminoso) para “despacharlos” en un ritual llamado Avio.

La memoria aquí, no apela al recuerdo exacto de los sucesos históricos o lineales sino más bien a una resignificación de tipo ético o ejemplificador que busca las causas, no necesariamente objetivas, de un mal que se debe erradicar para permitir que vuelva la armonía. La armonía entre humanos y naturaleza es el valor supremo al que debe aspirar la comunidad humana, si se rompe esa relación sobrevendrán los males. La memoria recoge aquello que le ayuda a resignificar, a reconstruir la armonía y recurre, en este caso al ritual del Avio, en el que se entrega comida, ropa e insumos para que el mal emprenda su largo viaje de regreso o a buscar otro lugar donde quiera quedarse, y se le ruega que se vaya, que fue recibido con cariño y que ya causó mucho daño. Importante recordar aquí: los valores que tiene la comunidad para recomponerse.

¿Podrías compartir un poquito de tu trayectoria personal, profesional, política? ¿de dónde vienes?  ¿qué es lo que te ha ocupado como educadora los últimos años de tu trabajo? ¿Puedes compartir algo que caracterice el lugar en donde estás trabajando? 

Soy una mujer de origen Mapuche, vivo en Wallmapu (Territorio Mapuche) en el sector que denominamos Lafken mapu o tierras del mar, por su cercanía al mar. Las personas Mapuche que viven en este espacio, pasan a llamarse Lafkenche (Gente del mar). Las tierras que me vieron nacer se ubican más al sur de este territorio y se denomina Maquehue. Como se darán cuenta las palabras de origen Mapuche no las pluralizo como en el castellano pues su pluralización es distinta.

Hace más de 20 años que estoy viviendo y trabajando en este territorio que me ha recibido y/o “prestado camino” para desarrollar parte de lo que los espíritus ancestrales me han señalado concretar en este territorio. Este es un lugar en donde he logrado aprender otra faceta de lo que es la cultura de mis ancestros en otros contextos, pues somos un pueblo con características similares, no obstante, también nos diferenciamos en algunos aspectos que hace más rica esta unidad en la diversidad. La zona lafkenche la propicia una gran cordillera de la costa, que en este lugar pasa a llamarse como Cordillera de Nahuelbuta.

Comencé a trabajar en un museo en la cuidad de Temuco (700 km. al sur de Santiago de Chile) como encargada de educación. Levantamos el área educación con actividades muy diversas y fuimos mejorando en la medida en que ajustaban a lo que los currículos escolares solicitaban. No dejamos de inculcar la educación informal que es la que impartíamos desde este espacio. Luego me fui a trabajar al Museo Mapuche de Cañete, distante 250 km. al norte (Lafkenmapu) de la ciudad de Temuco. En este lugar nos propusimos hacer un trabajo participativo que nos indicara las necesidades y aspiraciones de la comunidad hacia el museo a 30 años de su apertura, que en ese entonces tenía. Concretamos cambios importantes en conjunto con las comunidades Lafkenche que quisieron aportar y trabajar para el museo, sumado a un equipo multidisciplinario que aportó con lo técnico y, las comunidades mapuche lafkenche con los contenidos. Este fue un proceso de mas de 8 años y no se ha cerrado aún pues seguimos incorporando información y cambios en el espacio en pos de optimizar lo que ofrecemos como museo vivo y activo. Este proceso ha sido de aprendizaje y enseñanza para los funcionarios del Museo como para las comunidades lafkenche participantes. El Museo cuenta con un espacio de construcción que cuenta con cinco salas de exhibición, Recepción, área educativa, multisala, laboratorio, depósito de colecciones, sala de reuniones, y las áreas administrativas correspondientes.

Así también y para complementar la muestra permanente, cuneta con un parque abierto a la comunidad, en donde se realizan actividades diversas (dentro de la línea editorial del Museo) en donde las comunidades e instituciones recrean en algunas épocas del año programas culturales, sociales, entre otras,

Desde tu experiencia de trabajo ¿cuál es el rol de la memoria en los procesos de educación popular o educación comunitaria intercultural? Nos referimos a esa memoria comunitaria, la memoria de las abuelas, la memoria que no está registrada en los grandes relatos de la historia.

Sin duda que el rol de la memoria en lugares como un museo es algo que debe traspasar los objetivos que estos levantan en sus diversas propuestas a implementar para las historias que pretenden o han asumido instalar en sus espacios. Para esta unidad museal, aunque pequeña comparada con otras unidades de grandes ciudades, en donde asumen lo oficial; es una cuestión transversal que nos ha permitido dar un vuelco a la forma de entregar y compartir la memoria local. La memoria, la historia que no está en los libros que usan en las escuelas, academias y otros espacios que propician este tipo de comunicación pública.

Esta memoria que está muy ligada a un tipo de educación que le denominan Popular y/o Intercultural tiene ese sello que incorpora tu quehacer local, los propósitos locales que no se incluyen en los currículos oficiales, por lo que se hace más complejo instalarlo en un mundo globalizado y en estados que han sumido como línea de acción, el Neoliberalismo obtuso, como lo pasa en Chile. De esta forma cuando el propósito de “educar” viene de las mayorías y no de las minorías quienes se arrogan la verdad de muchas historias que implantan en el imaginario local que solo se representan a sí mismas, multiplicando las ideas colonizadoras y de sometimiento usufructuando de un poder apropiado en la sociedad por medio de las instituciones que la sostienen, nos hacen someternos a imaginarios de vida que nunca alcanzaremos y no ansiamos. Esto se puede percibir con más vehemencia en los nuevos escenarios tanto políticos, como de pandemia en que estamos viviendo.

Nuestros grandes relatos son los que nos hacen recordar a nuestros ancestros en sus cotidianidades, sus vivencias, alegrías, sufrimientos, derrotas y triunfos. A través de los recuerdos que realizamos, hacemos traer al presente a esas personas a través de la palabra, la palabra hablada y no escrita. Esa palabra que rige nuestros procesos históricos, nuestras formas de vida y las formas de educarnos y/o socializar conocimientos para la vida y la vida en equilibrio.

Nuestros libros, en estos aspectos son estos relatos que nos han dejado en la memoria y en el corazón y desde ahí producimos estas relaciones sociales con ese otro igual y diferente a la vez.

Hoy la memoria tiene un lugar importante en nuestros territorios pues nos reúne con nuestro pasado, presente y futuro y muy en especial, en espacios en donde se están realizando reconstrucciones de territorios que conllevan no solo la tierra como el elemento tangible pues esto debe llevar su par que es lo intangible que subyace estos espacios y actividades.

La lengua que nos reúne es la que ha permitido que ese relato que alimenta la memoria, no muera, por lo que hacer renacer ese espíritu dormido que aborda el conocimiento impregnado de intenciones solidarias y de justicia para con el entorno y también para el que la relata. Nuestra/os sabia/os, son los que asumen este rol en nuestros espacios culturales apoyados en su experiencia de vida que nos comparten para responder a nuestras inquietudes de optar por una formación más humanizada y equilibrada.

¿Podrías compartir un poquito de tu trayectoria personal, profesional, política? ¿de dónde vienes?  ¿qué es lo que te ha ocupado como educadora los últimos años de tu trabajo? ¿Puedes compartir algo que caracterice el lugar en donde estás trabajando? 

Desde los 19 años empecé a buscar nuevas formas de relacionamientos, siempre pensaba que algo no me cuadraba de mi cotidiano. Todo esto va vinculado a la necesidad de tener respuestas a todo lo que venía pasando en el mundo y como parte de mi crecimiento y necesidad de pertenencia. Recuerdo que una de los primeros acercamientos fue con comunidades indígenas de la sierra en la zona de Cayambe. Inspirada por las plásticas, empiezan mis primeros trabajos con la pedagogía impartiendo clases de arte a niños y niñas de la comunidad de Coniburo.

Pasaron varios años y fui a otra parte del país, la Amazonía Ecuatoriana, continuó la dinámica de conocer gente de varias comunidades del interior y cercanas a la ciudad. Acompañé muchos procesos de formación de líderes y lideresas jóvenes de comunidades de la zona, participé en varios eventos, encuentros, asambleas. Fue una realidad distinta al de la sierra, pero unida de alguna manera, una vez más la vulnerabilidad de derechos era una pugna histórica que varias regiones del país enfrentaban desde hace décadas.

Mi tiempo en la Amazonia debía tener un fin, se habían presentado nuevas necesidades, incomodidades y cuestionamientos en mi vida, para empezar, había tenido a mi wawa (niño/a) Yaku Amarun (serpiente de agua o anaconda), la “lucha” junto a un niño pequeñito era otra cosa.

Muy temerosa regresé sin saber a ciencia cierta qué pasaría con mi vida, pero segura de haber tomado las decisiones más acertadas, con mi salud quebrantada y con poquísimos recursos económicos empecé a conocer nuevos espacios, esta vez fue el feminismo.

Conocí a un grupo lindísimo de mujeres, esto me permitió vincularme a nuevos procesos y espacios uno de ellos fue en Mengana kolectiva que gracias a la invitación de Violeta participé en un programa de radio que se llamaba El Calzón Violeta, este, era un programa que abordaba diversos temas donde su línea central era el feminismo.

Todas estas búsquedas se atraviesan en mi vida y ahora se suma un nuevo elemento: la educación.

Mi hijo tenía ya 2 años y uno de mis nuevos cuestionamientos era ¿Qué tipo de educación le daré? En ese contexto me invitan a participar en un espacio para formar una escuela. Era una propuesta para que madres y padres podamos montar un lugar dónde nuestros hijos e hijas tengan una forma distinta de acompañamiento. Recuerdo que el primer lugar dónde se inició era un pequeño local en casa de mi madre en el Sur de Quito. Aquí mediante mingas empezábamos a formar este espacio de a poquito.

Después de un tiempo nos vinculamos a un segundo proyecto educativo, éste ya llevaba varios años en el país y parte también de la necesidad de buscar nuevos espacios de acompañamiento.

En este lugar conocí a Verónica, ella es una mujer que marcó mucho mi proceso, me encantaba escucharla, ver como se relacionaba con los niños y niñas y también su firmeza.

En una de nuestras varias conversaciones, me hablaba mucho de una mujer y un lugar, “la Pas, de la escuelita” decía Vero, recuerdo que me dijo, “tienes que conocer ese lugar, te va a gustar”. Un día me enteré que harían la presentación de ese así que decidí ir. Esa tarde fui, como siempre, nerviosa, siempre tengo miedo de andar sola o conocer otros lugares, hasta pienso que ya es parte de mi personalidad, bueno, terminé yendo y conocí el proceso de la Escuela de mujeres, al llegar vi a una mujer en una de las habitaciones de la Casa Catapulta (lugar dónde funciona la Escuelita de Mujeres) guardando unos víveres, la salud, y le pregunté dónde dejaba una comida que había llevado ese día, con una linda sonrisa me indicó el lugar.

La Escuelita fue uno de los lugares que también marcó mi aprendizaje, no solo en lo metodológico, sino también en lo humano y sobre todo el acompañamiento que Pas sostenía en ese espacio. La escuelita es un lugar que acompaña a mujeres jóvenes y adultas para empezar un proceso de alfabetización o culminación de la primaria, su base en la educación popular y el feminismo, ¿qué más combinación quería para mi formación y mi vida?, era perfecto.

Todo este aprendizaje me llevó a un compromiso hacia la educación, en la actualidad formo parte del Proyecto Tukuna que se conformó gracias a un grupo de familias que decidieron seguir apuntando a un proceso de educación respetuosa. Este lugar está conformado por madres y profesionales que nos apuntamos a seguir creando un espacio digno para la educación de nuestros hijos, hijas junto a todas las familias que participan de este lugar. Tratamos de construirlo de forma respetuosa, horizontal y consecuente a nuestras realidades.

Desde tu experiencia de trabajo ¿cuál es el rol de la memoria en los procesos de educación popular o educación comunitaria intercultural? Nos referimos a esa memoria comunitaria, la memoria de las abuelas, la memoria que no está registrada en los grandes relatos de la historia.

Desde que me vinculé a la educación siento que mi visión del mundo ha cambiado en un porcentaje muy grande. Desde; cómo llevo mi vida, hasta cómo entiendo mi relación con los otros seres de este mundo. Creo que los procesos de educación tradicional merman mucho el hecho de poder encontrarnos con este mundo y poder generar relaciones consientes. No entiendo a la educación como un lugar para reproducir contenidos, sino, lo entiendo como un proyecto de vida que me permite compartir y conocer experiencias, para explicar sensaciones y dudas, para dialogar sobre la misma vida y de allí generar teorías que nos llevan a prácticas consecuentes.

Desde la memoria colectiva, creo que el aporte es muy amplio, profundo y valioso. La educación en este sentido no se basa solo en la adaptación de contenidos, sino es más integral, abordando temas que se pierden en una práctica pedagógica tradicional. Aquí siento que la salud, el cuidado de las emociones y toda esa visión afectiva que recorre la memoria, se ponen en práctica al momento de aplicar una educación basada en lo que muchos abuelos y abuelas practicaban:  la colaboración, el apoyo mutuo, la sanación. Allí puedo llegar a entender que educar no es el acto del conocer por conocer, es contener, es conocer al otro a la otra, es poner al servicio de la comunidad tus saberes, y esto tiene un peso mayor a un mero contenido curricular. También en la práctica del enseñar a través de la memoria, está la relación que tiene el ser con el mundo, ¿para qué vas a aprender? ¿para qué te sirve lo que vas a aprender? La educación se vuelve útil, es un servicio que en algún momento será retribuido a tu entorno social o comunidad.

¿Cómo en tu práctica educativa o en tu experiencia se han desarrollado ejercicios para “recordar? o ¿cómo han re-creado la memoria? ¿qué ha sido importante recordar?

En mi experiencia educativa ha sido muy importante, primero, despojarme de las relaciones de poder que se ejercen en una práctica educativa, entender al otro o a la otra como un ser activo, como un sujeto que ejerce la palabra y la acción en su propia formación. Una parte esencial que recobra la memoria, es lo afectivo, este punto creo que es clave en todo proceso de formación o acompañamiento, en este punto, según mi experiencia, las emociones tienen un rol fundamental, son la base para poder entender a las personas, te permiten observar, conectar y generar empatía, esto es fundamental ya que en la educación lo que realmente se da es un contacto de seres humanos que atravesamos diversos contextos, por tanto, no podemos homogenizar los aprendizajes sin entender las diversidades por las que atravesamos cada uno y cada una.

En este bello ejercicio de acompañar se me vine a la memoria muchas acciones que me han permitido, primero, entenderme y ubicarme en un contexto y, segundo, entender a esa comunidad que forma parte de los aprendizajes. Esto me ha ayudado a ser más meticulosa con lo que se quiere trasmitir, no dar conocimientos por dar, sino respetar lo que cada uno y cada una ya sabe, para desde allí, partir con los nuevos aprendizajes que serán de utilidad para esas personas. Esta experiencia la aprendí acompañando a mujeres adultas, mujeres, que ya vienen con un todo un proceso encima, que han aprendido de múltiples formas, desde la misma escuela, hasta una forma de ir adquiriendo conocimientos desde la práctica de cada una de sus realidades. Esta realidad no puede ser desvalorizada, sino más bien, es parte fundamental de sus procesos de aprendizaje y serán de mucha utilidad para aportar con lo que van necesitando.

Para mí ha sido importante recordar qué sentido tiene el aprender, ese aprendizaje que no se da de forma aislada, que no es individualista, competitiva y calificativa. La memoria me ha llevado a conectarme con los aprendizajes de una manera más real y hasta critica, educarnos en comunidad, estar conectados con todos los seres que formamos parte de un entorno, despojarse de egos y roles impuestos por el sistema social. Acá el sentido de comunidad es otro punto importante en los aprendizajes, escuchar a la persona que tiene más experiencia, acoger consejos, crear relaciones horizontales y entender el sentido que los aprendizajes tiene para lograr vínculos con el mundo.

¿Podrías compartir un poquito de tu trayectoria personal, profesional, política? ¿de dónde vienes?  ¿qué es lo que te ha ocupado como educadora los últimos años de tu trabajo? ¿Puedes compartir algo que caracterice el lugar en donde estás trabajando? 

Mi nombre, ILEANA, me ha traído un poco de problemas, porque no es muy común y se confunde con facilidad. Me dicen Eliana, que es el nombre de otra compañera de este grupo, o Liliana, o Lilian… y así, diferentes nombres. Ahora que estoy un poco vieja, ya me siento cómoda con ese nombre.

Esto que les cuento no parecería importante, pero yo creo que sí lo es, porque todos y todas necesitamos una identidad. La identidad es individual y colectiva, y tiene nombre. La maestra que recuerdo con más afecto es la que un día, en el penúltimo año de secundaria y después de haber sido tres años su alumna, me llamó “ILEANA”. ¡Era como si me hubiera hecho un halago! Pasé de llamarme “señorita mmm… usted” a ILEANA.

Lo que sucedió con mi nombre me ha enseñado que la identidad es importante. Hay diversos tipos de identidades y todos asumen un nombre. Sucede igual con las identidades colectivas, aquellas que nos hacen conscientes de quiénes somos y en qué nos diferenciamos de otros. Es maravilloso el proceso de asumir la identidad colectiva o el compromiso de fortalecerla.

El proceso de asumir y fortalecer la identidad se da cuando tenemos un intenso amor por lo que somos y lo que hemos heredado de nuestros ancestros. Ese impulso de amor nos lleva a descubrir una riqueza cultural inmensa, es como una caja de tesoros que tenemos que cuidar. Pero no se trata solamente de conservar lo que tenemos y hemos heredado de nuestros mayores, sino de ir acrecentando ese tesoro y fortaleciéndolo para tener una caja cada vez más grande.

Yo nací en la ciudad de Quito, la capital de Ecuador. Soy mestiza urbana y he trabajado más de cuarenta años junto con colectivos kichwas. También he tenido la oportunidad de apoyar a otros pueblos y nacionalidades de mi país, como los awá, en la frontera con Colombia, los épera, en la Costa norte, los wao, en la Amazonía y pueblos indígenas de Guatemala y Nicaragua. Mi experticia es el campo educativo y, dentro de él, la elaboración de currículos, libros de texto, enseñanza de segundas lenguas, en algunos casos, el castellano como segunda lengua y en otros, las lenguas propias de los pueblos, como segunda lengua.

En algunos sitios me han llamado hermana, porque he caminado al lado de mujeres, maestras y maestros, niños y niñas por varias décadas. No he nacido indígena, pero tengo mi shunku, es decir mi corazón, mi mente y mi espíritu junto con el de mis hermanos indígenas. Ya estoy jubilada, pero tengo la suerte de continuar el contacto con mis hermanos kichwas que viven en Quito a través de la dirección del centro educativo Yachay Wasi. También colaboro en la planificación curricular de kichwa como segunda lengua para jóvenes y adultos. Algunas personas que se inscriben en estos cursos por internet son de mi país, otros son del extranjero.

Desde tu experiencia de trabajo ¿cuál es el rol de la memoria en los procesos de educación popular o educación comunitaria intercultural? Nos referimos a esa memoria comunitaria, la memoria de las abuelas, la memoria que no está registrada en los grandes relatos de la historia.

La educación popular, informal, comunitaria, es la verdadera educación. Los sistemas educativos formales están ahí para certificar ciertos niveles que te posibilitan un acceso a cierto tipo de empleos. Pero el sistema educativo formal está lleno de contenidos desconectados de la realidad, varios son temas intrascendentes y muchas veces se ha tergiversado la historia verdadera de los pueblos.

La gran sabiduría de las culturas que han sobrevivido cientos de años frente a un dominio inmisericorde no está en las escuelas, colegios y universidades. Son los tesoros vivientes, las abuelas y los abuelos quienes guardan en su memoria conocimientos, saberes, prácticas y costumbres que conforman esa caja de sabiduría de la que hablaba antes. Ellos tienen la llave para abrir la caja. A veces hay condiciones para abrir la caja de la sabiduría, cuando escuchamos a nuestros mayores la historia de sus comunidades, de sus luchas, de sus experiencias de vida y de muerte.

Lamentablemente, hay muchas veces en que no hay condiciones para abrir la caja. Se nos mueren los abuelos y las abuelas, el ritmo irracional de la prisa que nos impone el sistema capitalista y sus valores, que son en realidad antivalores, impiden la transmisión de la memoria. Dejamos la identidad ancestral y creemos que con negarla accedemos al “progreso”. El sistema nos atrapa y no somos ni lo uno ni lo otro. Nuestra identidad colectiva se diluye, está desorientada, confundida. A veces añoramos el recuerdo de nuestros abuelos y abuelas, pero puede más el “tener” que el “ser” y nos convertimos en piezas de una maquinaria imparable que fabrica personas y colectivos sin forma, sin nombre, sin futuro.

Esta es una razón para darlo todo en educación, tanto en la educación familiar y comunitaria como también en la educación formal. A pesar de que el sistema educativo es rígido, con sus planes y programas establecidos previamente, se puede trabajar de manera crítica los contenidos que obliga el Ministerio de Educación.

Cuando el centro educativo forma parte de una comunidad, puede construir un currículo que parta de la sabiduría de ese pueblo o esa comunidad. Los ciclos de la Madre Tierra son las guías orientadoras de la planificación curricular. Comenzamos el año escolar cuando empieza el ciclo agrícola, recogemos toda la sabiduría comunitaria sobre el tiempo de preparación de la tierra y la siembra; aquí las semillas y el agua cobran gran importancia y los niños y las niñas, de todas las edades, se acercan amorosamente al ciclo de la tierra. Al mismo tiempo avanzan los aprendizajes y se desarrolla lo que hemos denominado “Ishkay Yachay”, que es el doble conocimiento, la doble sabiduría, tanto la ancestral como la urbano occidental.

Trabajar en el ishkay yachay nos permite respetar la memoria y respetar a los tesoros vivientes que son las abuelitas y los abuelitos. Ellos ayudan a niños y niñas a interpretar las señas de la naturaleza, al estar en contacto con la chakra, que forma parte de su experiencia vital. La chakra no es solamente un huerto escolar, es el origen de la vida, por eso es importante. En las familias de los niños y niñas de la escuela, el trabajo en la chakra y su cuidado, genera un encariñamiento y un compromiso grande de lealtad. El trabajo de chakareros y chakareras preserva y enriquece la memoria de los abuelos, fortalece la identidad de las generaciones jóvenes que tendrán que hacer frente a los retos y las afrentas del capitalismo.

Esta es la manera que hemos encontrado de honrar la memoria cultural desde el sistema educativo y fuera de él. Utilizamos la estructura del propio sistema formal para contar la verdad de la historia de los pueblos, para vivir sus conocimientos poniéndolos en práctica y, al mismo tiempo, para facilitar el camino que deben recorrer los y las jóvenes de este tiempo.

 

¿Cómo en tu práctica educativa o en tu experiencia se han desarrollado ejercicios para “recordar? o ¿cómo han re-creado la memoria? ¿qué ha sido importante recordar?

Creo que en buena parte de lo que he expuesto antes están las respuestas a estas preguntas, pero para no dejar en blanco este espacio, haré una especie de síntesis.

Como “ejercicios para recordar”, dentro de la práctica educativa, en el centro educativo Yachay Wasi hemos decidido organizar las actividades de aprendizaje y enseñanza según los ciclos de la Pachamama o Madre Naturaleza. De esta manera honramos la memoria de nuestros mayores y no dejamos morir sus conocimientos y sabiduría. La sabiduría de las personas del campo, de chakareros y chakareras está presente en las actividades escolares, de esa manera estamos permanentemente recordando, activando la memoria.

Varias cosas son importantes de recordar para mantener la memoria fresca de la sabiduría comunitaria. Los conocimientos relacionados con los ciclos agrícolas, la importancia de la alimentación sana, con productos naturales, alimentación que al mismo tiempo es terapéutica, por lo que se denomina “nutracéutica”.

También es importante la narrativa histórica, es decir el relato de hechos de la vida de las comunidades, cómo se resolvieron los problemas, quiénes intervinieron en las luchas, cuáles fueron las consecuencias y qué aprendemos de todo lo que nos comunican los y las personas mayores.

Estos conocimientos no constan en los libros de texto oficiales y de empresas privadas, pero es necesario recrearlos mediante la escucha, la conversación y la reflexión. Esta es una metodología de memoria viva, que ha sido practicada por las comunidades desde hace muchos cientos de años. La escuela está en condiciones de acceder a ella si existe un reconocimiento del valor de la interculturalidad.

Sin embargo, muchas veces la interculturalidad se queda en enunciados vacíos que impiden el desarrollo de una educación pertinente y significativa. Oficialmente se da valor solo a lo que proviene de la llamada ciencia moderna y este pensamiento penetra también en las comunidades de los pueblos originarios. Como consecuencia, el tesoro acumulado por las culturas ancestrales se va perdiendo y se debilita la riqueza de la diversidad cultural. Hacen falta políticas públicas para salvaguardar la riqueza cultural ya que es allí donde se encuentran las respuestas a muchos de los problemas presentes en la vida actual.